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Texto de lanzamiento y presentación de la campaña de No televisión, iniciada en 2002

Cada día que pasa, es más evidente la dificultad que tenemos para desarrollarnos. Desarrollarnos en el término amplio de la condición humana. La globalización ha hecho que cada vez más sean menos a los que les favorecen los vientos de estos nuevos tiempos. Datos como que la diferencia de ingresos entre países pobres y ricos, a comienzos del siglo pasado era de 11 a 1, en 1960 de 30 a 1 y hace cinco años de 74 a 1, lo corroboran. En esta época, de tantos mal llamados medios de comunicación, estamos tan incomunicados como en viejas épocas del paleolítico. Así, la comunicación, aquello de poner en común, tiene más de similitud de mera transmisión de datos cuando a medios masivos se refiere, que a construir en el espacio colectivo.

La globalización –de verdad buena para todos, pero en términos equitativos- ha asumido ese esquema funcional de la comunicación: emisor una minoría, receptor la gran mayoría. Proponen llamados paños de agua tibia como Cartas de los lectores, Defensa del televidente, pero que, en últimas, no son verdaderas soluciones a semejantes problemas de incomunicación, y pasan por democráticos con tales acciones. Difunden información light para ocultar la trascendental. Es el principio del prestidigitador, como señala Bourdieu, con el ánimo de esconder cosas verdaderamente importantes. Así, sucede que es tal la cantidad de desinformación que circula por nuestros medios que ha opacado la misma información, haciéndonos ver un país virtual que reemplaza al verdadero. Al real.

El sentido de no prender la televisión es un derecho que nos estamos dando una población civil, unos desarmados, que queremos recobrar el sentido específico de la palabra, su precisión y su poesía, para empezar a gestar tejido social. El próximo 23 de octubre queremos que los siempre emisores –canales privados y programadoras de televisión- asuman el papel que nosotros –los receptores- siempre hemos asumido: de verlos y oírlos. Es el derecho de no seguir de tienda en tienda con el objeto de consumir sino con la opción de no comprar.

Pero ya nos acostumbraron a que despropósitos culturales los veamos como asuntos tan naturales. Al respecto ya se han manifestado ciudadanos-consumidores en Italia, Australia, Chile, España, Estados Unidos, Argentina, Francia, etc., que han llevado a cabo más de una jornada de no televisión. Incluso semanas. Pues bien, hoy surgió esta propuesta en nuestro país pero apuntando a los colegios que, a nuestro modo de ver, son los espacios donde debemos comenzar a trabajar en un nuevo concepto de asimilar las relaciones de comunicación.

Porque debemos compartir con docentes y estudiantes el hecho de que, por ejemplo, la información en televisión es tan limitada que no hay caso pensar que con ver los telenoticieros ya estamos informados. No, por razones como que su formato está para entretener, son notas de cuarenta segundos, y aparte de ello, interrumpidos cada tanto para comerciales. ¡Y qué diferencia entre el país que circula en la información publicitaria con el de la información noticiosa!

Con la posibilidad de que la televisión eduque, también surgen preguntas. ¿Los formatos de televisión educativa están invitando a querer la educación o a querer la televisión? Así, tal vez lo que nos quede de la televisión es que su función es la de entretención. Eso: entretener. Pero que lo sepamos. Que lo estudiemos con profesores, niños, jóvenes y padres de familia. Parece ser, pues, que a la televisión le hemos pedido demasiado cuando, por su formato, sirve es para entretener.

Y así, no nos queda otro remedio que recordar Un mundo feliz, de Aldus Huxley. Sonrientes y amables ellos, nos están vendiendo la idea del mundo que nos ha tocado. Y nosotros, sonrientes y amables, la aceptamos. Si no, entonces, ¿por qué tan en boga los reality shows, por ejemplo?

Invitamos a ciudadanos y ciudadanas, a consumidores a repensar la televisión. Estoy seguro que ella no es mala, como tampoco es mala la política y sí la politiquería. Apaguemos la televisión el primer día de nuestras vidas, el próximo 23 de octubre, informemos a los canales de nuestra inconformidad. Si quieren háganos saber esta acción que también estamos invitando a realizar en los colegios y algunas facultades de comunicación. Si las registramos, tendremos insumos suficientes para que una vez sistematizados, interpretados y publicados, circulen en los medios, en las universidades, en los colegios y escuelas, en las asociaciones de padres de familia, en organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, entre otros. Ya hemos repartido más de cinco mil Formatos de diálogo con los medios en algunas instituciones educativas para que quede constancia que algunos –seguro que no todos- queremos otra televisión.

Me permito compartir con ustedes puntos de encuentro para dudas, inquietudes, sugerencias, aportes. Tels. 2103891 y 2170826, Bogotá D.C. e-mail:info@comunicar.org / carlosjimenezh@tutopia.com página WEB www.comunicar.org

Y como lo que se pretende es divulgar esta campaña ampliamente, invito a que la multipliquen y la divulguen ampliamente. A que nos comuniquemos. Y por ello, no sólo a través de los números telefónicos o vía internet sino en reuniones que pretendemos hacer los sábados de 5 a 6 de la tarde en nuestra sede: calle 54 A No. 4 a 21 (Chapinero Alto). Y conozcámonos.

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