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2004: un juicio a la televisión

Este 23 de octubre tuvo una particularidad: la jornada de no televisión se desarrolló un fin de semana, un sábado, lo que dificultó el trabajo directo en los espacios escolares y le apostamos, pues, más al diálogo con el ciudadano que con los docentes. Fue así como nuestro punto de encuentro fue en la Quinta de Simón Bolívar, en el centro de la ciudad, donde vestimos una especie de carroza tirada por una mula. En esta carroza se hizo un montaje o performance como algunos llamaron: una cama ocupada por una pareja joven, que asimilaban estar en un día de esos sin trabajar y se dedicaban a ver la televisión, cómodamente. Se evidenciaron escenas y momentos en los que el control fue el protagonista y hasta causante de conflictos en tamaña intimidad.

De ahí salimos a la Plazoleta del Chorro de Quevedo, donde estaba preparado el escenario propio con el sonido, con artistas, con un equipo que durante una semana se había preparado un libreto para desarrollarlo y compartirlo con los que llegaron a participar, pero el que cumplidamente arribó fue san Pedro: con su lluvia opacó la fiesta y nubló el día. Los invitados, pues, con quienes queríamos compartir opiniones y un vaso de chicha, no fueron muchos.

De todos modos, como se había libreteado, se puso en escena el juicio a la televisión. Carlos Chica, periodista, asumió el papel de defensor; Jairo Hernández, teatrero, el de fiscal; moderó Carlos Eduardo Martínez, del movimiento de noviolencia Aquí estoy país, personajes que fueron interrumpidos por algunos de los asistentes para opinar, refutar o contradecir.

Y san Pedro ahí, como el gringo. La lluvia fue persistente, aguó la fiesta en exceso e incidió en la baja afluencia de público. Este día, grisáceo, fue contrarrestado con el colorido y alegría de los amigos de Aquí estoy país.

Durante esta época empezamos a circular un texto que ha suscitado controversia. Es una nota contundente que al modo de ver nuestro debe ser anunciada antes de la emisión de los telenoticieros. Y dice:

Este noticiero es una mirada subjetiva de la realidad nacional e internacional, producido por una entidad con intereses comerciales. Algunas de nuestras notas periodísticas las hemos dramatizado con efectos sonoros y movimientos de cámara. La emisión de extensos contenidos de farándula y deporte es política de esta empresa privada.

La razón principal por la que la hemos propuesto obedece a ofrecerle a las audiencias un elemento racional ad portas de descomunal bombardeo de subjetividad, espectacularidad y emocionalidad. De tal manera que es prudente destacar que todas las miradas son subjetivas y, sobre todo, de evidenciar la inexistencia de la objetividad en el ejercicio periodístico. Si siempre el periodismo va a ser ejercido por los humanos, siempre habrá altísimos niveles de subjetividad en los noticieros, asunto que es pertinente pregonarlo, sobre todo antes de que empiecen los telenoticieros, cuyo interés es, entre otros, el de presumir una objetividad.

Respecto a los efectos corresponde, justamente, a un discurso que tiene que ver con la espectacularidad y la emocionalidad. Cuando supuestamente se está informando de la realidad de un país, las maneras de hacerlo deben ser de director de noticiero, no de director de cine. Argumentar el país, no espectacularizarlo.

En cuanto a la emisión de asuntos farandulescos, es competencia de los directores del noticiero, al servicio de unos propietarios cuyas lógicas son comerciales. Sencillo: la cantidad de información farandulera, banal y light que se emite en los telenoticieros es tan importante, tan demasiado importante, en la medida que opaca la realidad nacional y global.

Que qué le hacemos, que son medios privados, que tienen sus políticas ajustadas a las macros del neoliberalismo, que qué podemos hacer, eso es una cosa. Eso es decisión de ellos, así estén trabajando con un bien público como es la información pública. Así se estén lucrando con ello. Lo que proponemos e insistimos es en que el televidente sea tenido también en cuenta en su dimensión ciudadana. Es un ejercicio que ayudaría muchísimo a la pretendida objetividad que tanto buscan los medios masivos de información.

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