Inicio / No prenda la tele / 2007, de nuevo el entorno académico

2007, de nuevo el entorno académico

La actividad correspondiente a este año se desarrolló en el auditorio de la Universidad Los Libertadores y participaron docentes y estudiantes de los colegios Marco Tulio Fernández, Antonio Nariño Corazonista, José Ortega y Gasset, Instituto Técnico Francisco José de Caldas y Liceo Comercial Las Américas; también universitarios, padres y madres de familia, líderes comunales, y otros ciudadanos. La actividad inició con un recuento de los anteriores días de no televisión, de los objetivos de la campaña y la presencia de dos ponentes: Germán Yances, analista de televisión, y Santiago Amador, de la defensoría del televidente de la Comisión Nacional de Televisión.

El primero hizo un recuento de la televisión en Colombia, llamó la atención acerca de los intereses de los canales privados y del manejo de la publicidad. Hizo alusión a la Ley 680 de 2001, que en su artículo 10 establece la obligación de separar publicidad de información, que el ciudadano sepa cuándo es una información periodística, cuándo es entretenimiento o cuándo lo que le están dando es publicidad pagada.

Luego se proyectó la sección de farándula de una emisión de un telenoticiero de RCN para mirarla críticamente, después de la ponencia de Germán Yances, quien dio algunos elementos para tal ejercicio.

El trabajo grupal siguió. Los asistentes definieron la comunicación, la información y la publicidad a partir de dibujos, esquemas y textos. Como elementos recurrentes estuvieron, entre otros, la violencia, la falta de lectura, los estereotipos, la manipulación, el consumo, la autopublicidad y el país que es y que no es.

De la comunicación, se encontraron definiciones como que es un «proceso donde el emisor busca expresar algo que está condicionado por su contexto, para generar una reacción o respuesta en el receptor con respecto a lo comunicado».

De la información, destacaron que es un «proceso de creación y transmisión de ideas pero en este caso solo se da por parte de los emisores; se cuestiona el no poder realizar una retroalimentación por parte de los receptores hacia los emisores, entonces el proceso de comunicación no se completa, por lo tanto no existe comunicación dentro de la información».

En cuanto a la publicidad, se refirieron a ella como «la influencia pensada para intervenir en las decisiones y procesos de consumo de las personas»; «manipuladora de ideas, crea formas de actuar dentro de los individuos».

Respecto al país que ellos perciben en los noticieros, algunos lo calificaron de «conformista, generoso, temeroso, destruido, esperanzado, exagerado, consumista, farsa política, incompleto, creativo». Otros, como «un país violento, pobre y desigual socialmente, pero éste se ve reducido a regiones o áreas específicas, olvidando a otros lugares que también son importantes, sin tener en cuenta contenidos culturales». Otros afirmaron que «el país que se observa en los noticieros es un país utilitarista que necesita que veamos lo que quieren y que solo los beneficie a ellos». Otros vieron el país desde la publicidad: «perfecto, alegre y próspero».

El segundo ponente, Santiago Amador, se refirió en primera instancia al quehacer de la Comisión Nacional de Televisión, a la nueva oficina de Contenidos y Defensa del Televidente (de la que hace parte el ponente), a sus objetivos y al interés con que a raíz de la creación de este espacio la CNTV mira a los televidentes y sus intereses. Al igual que con Germán Yances, el representante de la CNTV tuvo un diálogo con los asistentes en torno a la temática por él tratada y otras que evidenciaron la inquietud y preocupación de los jóvenes y adultos por la calidad de la televisión en nuestro país.

Para la convocatoria a esta jornada, la publicidad utilizada se remitió a mucho correo electrónico y a la impresión de dos millares de calendarios, con los días de octubre de 2007 a octubre de 2008, piezas que fueron compartidas en el transcurso del final del año y comienzos del 2008. En estas piezas de difusión destacamos dos textos: uno, el artículo 10 de la Ley 680 de 2001, que habla de la separación de información y publicidad; el otro, el que hemos propuesto para difundir en las pantallas de televisión antes de la emisión de los noticieros.

La invitación a participar en esta jornada no televisiva se hizo vía correo electrónico mediante un artículo cuyo título y contenido fue el siguiente.

La publicidad enmascarada como hecho noticioso

Como trabajadores culturales que nos consideramos y, por ende, artesanos de redes y espacios para el ejercicio de la libertad, libre opinión y ciudadanía, en la Corporación Comunicar creemos que nos asiste el derecho de generar espacios de debate y de opinión. Los medios comerciales de información insisten en el esquema funcional de emisor y receptor, en ofrecer a los anunciantes, clientes antes que audiencias activas.

Como ciudadanos, entonces, ¿cuál es nuestra opción? Hay más de una: explorar otros medios, crear nuevos hábitos; en últimas, forjar un carácter de ciudadanos y de ciudadanas. Lo que implique, tal vez, apagar la tele de vez en cuando y, más bien, prender la comunicación; manifestarnos como especie provista de herramientas como la lúdica, el lenguaje, la socialización, la sensibilidad. Apagar la tele un día al año es prender la comunicación en la medida en que dejamos de ser depositarios de unos contenidos televisivos que apuntan, primero que todo, a entretener a las audiencias. Y esos contenidos incluyen, además, los que traen a colación los noticieros. Hay una tendencia clara de parte de los canales: la de tratar de confundir la publicidad con la información; la de exaltar sus programas o la de ensalzar personajes en espacios de información, espíritu que contradice el artículo 10 de la Ley 680 de 2001, que reza así:

Separación de información y publicidad. Para garantizar el derecho constitucional a recibir información veraz e imparcial, y considerando que los medios de comunicación tienen responsabilidad social, el contenido de los programas no podrá estar comprometido directa o indirectamente con terceros que resultaren beneficiarios de dicha publicación a cambio de retribución en dinero o en especie, sin que le sea plena y suficientemente advertido al público. Los programas periodísticos y noticiosos no podrán incluir en sus emisiones clase alguna de publirreportajes o televentas.

Cuando algunos de los socios o accionistas de un operador privado de televisión, de un concesionario de espacios o contratista de canales regionales tengan intereses empresariales o familiares directos en una noticia que vaya a ser difundida, deberá advertir a los televidentes de la existencia de tales intereses.

De ahí que desde la segunda jornada del Día de no Televisión (octubre 23 de 2004) la Corporación Comunicar ha propuesto algo inusual, que va en contra del ánimo de lucro de las empresas comerciales de televisión pero que aboga por la transparencia que debe estar implícita en un noticiero televisivo:

Este noticiero es una mirada subjetiva de la realidad nacional e internacional, producido por una entidad con intereses comerciales. Algunas de nuestras notas periodísticas las hemos dramatizado con efectos sonoros y movimientos de cámara. La emisión de extensos contenidos de farándula y deporte es política de esta empresa privada.

Este aviso debe ser ubicado antes de las respectivas emisiones de los telenoticieros. Y es que el texto es una verdad de a puño. Como consumidores de sus contenidos televisivos, creen que no es conveniente o necesario ubicar este par de líneas antes de la emisión del noticiero. La mayoría de ciudadanas y ciudadanos dicen informarse en los noticieros de televisión y la información, por ser un bien público y emitida en gran parte por la televisión privada, debería ser responsable con las televidencias.

Si bien el sentido ahistórico de la televisión invita al desconocimiento del pasado, el presente es alimentado en gran medida por el volumen de información, descontextualizada y sesgada, omitida o desconocida una buena parte de ella. Esos contenidos inmensos de información, sumados a la que por política omiten los noticieros, dan como resultado una nación desinformada o, si se quiere, un país que no es. Estamos, pues, en la obligación de solicitar un mínimo de altura a la relación televisión – televidente, sobre todo en este país donde la violencia, oronda, se pasea del campo a la ciudad, del colegio al televisor de nuestras casas.

Ahora, ¿qué hace que la desinformación supere a la información? ¿Será porque –entre otras razones- el antecesor de la televisión no es el cine, ni la radio, ni la escritura –mucho menos-, sino que es el telégrafo, mero transmisor de datos?

Acercarnos a la TV es un imperativo de estos tiempos, tiempos que opacan la larga historia de la escritura y dan vía libre a la imagen. Es un asunto urgente y necesario, no sea que suceda algo que ya vemos con alguna frecuencia: hacer de la imagen el discurso esencial. Preguntamos, ¿será necesario convertir –a veces sucede- el salón de clases en un estudio de televisión de segunda para hacer efectivo un proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿Será que si no somos divertidos seremos unos docentes desprestigiados? ¿No será que formatos televisivos como Plaza sésamo invitan al niño a querer la televisión pero no a la educación? ¿No será que el discurso espectacular de la televisión contaminó la educación y la política? ¿Contaminó o enriqueció?

Definitivamente, para que la información no sea opacada por la desinformación, debemos tener en cuenta dos asuntos. Uno, que los noticieros deben empezar por diferenciar entre publicidad e información; que los operadores de televisión tengan la voluntad de no confundir al televidente y dejar maneras, tan habituales en ellos, como la de informar en sus noticieros, espacio informativo por excelencia, de sus mismos programas del canal.

Y segundo, que los televidentes asumamos la condición de veedores ciudadanos y llevemos a cabo acciones como la de contactar a la Comisión Nacional de Televisión (Teléfono 593 3000 extensión 3714, Oficina Contenidos y Defensoría del televidente; www.cntv.org.co) y dejar constancia de nuestra inconformidad.

Acerca de admin

Compruebe también

2008, herramientas para un control social a los medios

El objetivo central en el año 2008 fue editar el libro No a la tele, …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *