Nuestro concepto del humor

Carlos Alberto Jiménez H.

No han sido muchos los dedicados a escudriñar esto del humor. Demasiado serio involucrarse en tamaños asuntos. Uno de esos pocos, Henry Bergson, filósofo francés, escribía a comienzos de siglo pasado que lo cómico es “aquel aspecto de la persona que le hace asemejarse a una cosa; ese aspecto de los acontecimientos humanos que imita con una singular rapidez el mecanismo puro y simple, el automatismo. Lo cómico expresa cierta imperfección individual o colectiva que exige una corrección inmediata. Y esta corrección es la risa”.

Toda acción humorística implica, pues, una condición humana. Como afirmaba el mismo Bergson, un paisaje podrá ser bello, impactante, pero nunca ridículo.

Agregamos nosotros: el humor ya no problematiza, es demasiado pacífico y para nada beligerante. Se le ha endosado la tarea de apaciguar, reconoce más al consumidor que al ciudadano, cuando en términos generales es herramienta propicia para generar preguntas que incomodan e incluso dese el humor mismo propiciar alternativas.

Lo anterior lo concibe el aristócrata inglés Shaftesbury, cuando a comienzos del siglo XVIII afirmaba que “El humor es demoledor con aquello que es falso, malo o feo, y deja en pie aquello que es verdadero, bueno y bello. Así, el humor se convierte en criterio de verdad”.

Tarea nuestra ha de ser la vuelta al lugar que le pertenece, al humor. De herramienta para el neto consumo se ha de ampliar su alcance, con creces, en el que la inteligencia es protagónica o al menos hace un aporte significativo. Personajes de la talla como Jaime Garzón dejaron en pie lo que es verdadero, bueno y bello a partir de su demoledor humor.

Como lo dijera Octavio Rodríguez Fernández, “El humor de calidad debe hacer pensar, sin merma de la risa inmediata y espontánea que pueda ocasionar. Lo sabía Jonathan Swift cuando dijo que la simple diversión es la felicidad de los que no pueden pensar. Pero aún más: crear o entender el humor obliga a pensar en forma diferente. Seguir normas, esquemas sociales, prejuicios, mitos históricos, lugares comunes es lo más cómodo; es mediocre, plano”.

Aspiramos ejercer el humor inclusivo y crítico; un humor que dé luces y propicie nuevas miradas a nuestros entornos mediatos e inmediatos. Uno que, con el mejor ánimo, aporte al entendimiento de nuestras realidades, de nuestros discursos y contenidos académicos, históricos, sociales, políticos, mediáticos, entre otros.

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